La abundancia no siempre empieza fuera

La abundancia no siempre empieza fuera

A veces pensamos en la abundancia como algo que debe llegar desde fuera.

Más dinero.
Más seguridad.
Más oportunidades.

Y es comprensible.

Vivimos en un mundo que constantemente nos recuerda lo que falta.

Lo que aún no tenemos.
Lo que todavía debería resolverse.

Pero hay algo curioso.

Muchas personas, incluso cuando mejoran sus circunstancias…

siguen sintiendo escasez.

Siguen viviendo tensas.

Preocupadas.

Como si el cuerpo nunca terminara de sentirse seguro.

Y quizás ahí haya algo importante que observar.

Porque la abundancia no siempre empieza fuera.

A veces empieza en la relación que mantenemos con la vida.

Con nosotros mismos.

Con la posibilidad de dejar de vivir permanentemente en defensa.

Hace poco, en un ejercicio sencillo, nos propusieron imaginar algo poco habitual:

¿Cómo se sentiría el cuerpo…

si el dinero dejara de ser un problema?

Sin esfuerzo mental.

Sin buscar explicaciones.

Solo sentirlo.

Y la respuesta fue inmediata.

El cuerpo empezó a relajarse.

La tensión descendió.

Como si durante mucho tiempo hubiera estado sosteniendo un peso invisible.

Y quizás eso también sea revelador.

Porque muchas veces no vivimos únicamente buscando prosperidad.

Vivimos intentando protegernos de la falta.

Y no es exactamente lo mismo.

La defensa constante agota.

Nos vuelve rígidos.

Nos mantiene pendientes.

Pero cuando el cuerpo, aunque sea por un instante, experimenta seguridad…

algo cambia.

No porque los problemas desaparezcan mágicamente.

Sino porque dejamos de relacionarnos con la vida únicamente desde el miedo.


Quizás la abundancia no empiece siempre en la cuenta bancaria.

Ni en una cifra.

Ni siquiera en las circunstancias.

Quizás empiece cuando dejamos de vivir como si todo estuviera permanentemente amenazado.

Y aprendemos, poco a poco…

a permitir también la posibilidad de estar sostenidos.