Cuando el conflicto necesita seguir existiendo

Cuando el conflicto necesita seguir existiendo

Algunos conflictos nacen para resolver un problema.

Otros, sin embargo, sobreviven mucho después de que el problema haya desaparecido.

El motivo cambia, pero el conflicto permanece. Un día es una palabra, otro una decisión, más tarde un gesto sin importancia. Cuando un argumento deja de sostener la confrontación, otro ocupa inmediatamente su lugar.

Al observar este proceso resulta evidente que el problema ya no es el problema.

El conflicto ha pasado a convertirse en un medio para alcanzar otro objetivo.

Puede ser ejercer control, conservar una posición de poder, desgastar a otra persona o conseguir que termine renunciando a algo. Los argumentos dejan de tener importancia. Solo importa mantener vivo el conflicto hasta alcanzar el resultado esperado.

Esta forma de relacionarse rara vez nace de la serenidad. La paz favorece la comprensión. Las heridas abiertas tienden a expresarse de maneras muy diferentes, y una de ellas consiste en reorganizar continuamente la realidad para justificar un conflicto que ya no depende de los hechos.

Por eso, comprender un conflicto no siempre consiste en analizar aquello que se discute. A veces resulta más revelador observar qué necesidad profunda permanece satisfecha mientras el conflicto continúa existiendo.

Cada persona termina ofreciendo al mundo aquello que lleva organizado en su interior.

Quien vive en paz genera paz.

Quien vive desde la confianza favorece la confianza.

Y quien todavía permanece atrapado en sus heridas acaba encontrando, una y otra vez, nuevas razones para seguir luchando.

Quizá por eso la transformación más profunda nunca comienza intentando cambiar a los demás.

Comienza sanando aquello que, inevitablemente, terminará expresándose en la forma de vivir.